Ahí es cuando está el quilombo.
Todo lo que nos cuesta aprender a que estamos yendo por el camino incorrecto, y todo lo que nos cuesta cambiar.
Ahí es el problema.
Esa gilada de siempre esperar, y creer que las personas van a cambiar.
Pero no, no somos todos iguales.
O no somos todos correspondidos.
Eso de estar dando y dando, todo el tiempo convencidos de que el otro puede hacer una vuelta de página y seguirnos el hilo.
Y dejando de lado a ese, quien nos sigue hace rato y no es de lo nuestro, no es como uno.
Grave error.
¿Por qué esa elección inconsciente e incoherente?
Una sola respuesta: nuestro dolor.
Se sufre, se termina sufriendo.
Por allá en el fondo, seguro sabemos.
Nos damos cuenta del error.
Pero confiamos, siempre confiando.
Basta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario