Se camina sin pensar, se duerme sin soñar, se ríe con facilidad, y se vive en libertad.
Hasta que nuestro cuerpo no resiste a ninguna otra situación, y necesita tener algún minuto para dejar afuera esas malas vibras que inconscientemente y sin intenciones viven con nosotros.
Y ahí es cuando estallamos y largamos toda esa batería con energía ya podrida, que ocupaba un lugar innecesario porque no servía.
Se llega a ese placer donde nuestra alma esta sanada y, por un tiempo, no hay negro que la manche.
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