El dinero y un regalo no lo hace todo. Un regalo, una
moneda, un televisor, un celular, un juego, un auto, una casa, un billete no lo
son todo. Uno del otro quiere todo, pero no en un sentido material, sino en un
sentido emocional. Una caricia, un abrazo, una llamada, un mensaje, una carta,
un beso, es paz, es amor, es contención, es todo.
Cuando somos chicos no tomamos conciencia de lo que
recibimos, solo aceptamos y nos ponemos contentos porque por fin, tenemos eso
que tanto queríamos. De grandes, con el correr de los años y con los momentos
vividos, uno aprende a entender que ese juguete no te hizo feliz, la felicidad
de ese juguete, duro solo el momento de sorpresa al romper la bolsa que lo
envolvía, jugaste dos o tres veces y quedaba tirado, en un rincón. Lo que uno
pretende es que la felicidad sea eterna, y para conseguirla hay que querer, hay
que amar, con un juguete no se ama, con un juguete se compra.
Todavía existen esos seres humanos, que piensan que
comprándote los vas a adorar, pero no, en el fondo, sabemos que ese regalo no
nos sirvió, porque es un regalo falso, inexistente, que nos alegra, pero solo por
un segundo.
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